La tormenta cede. Escampa en el cielo de París y en mi espíritu. Encuentro la claridad, la inteligencia que Juan Ramón Jiménez buscaba para encontrar el nombre exacto de la cosas. Soy uno conmigo mismo. Retorno a la estabilidad. Vuelvo a ser el que siempre he sido. O como Nietzsche, comienzo a ser el que soy. Me convierto una vez más en el que siempre he sido. Hay luz, es fuerte y me permite ver. Redescubro el balance y me alegra. Ciudad de las luces, gracias.
4 comments:
Welcome home.
Que onda Oswaldo
De regreso en el DF empiezo a vislumbrar eso ke decribes
Los textos de Paris me dieron envidia de la buena :-)
Sabiendo que las letras nunca escapan, sino que se van acumulando el la cesera, y sabiendo que tenemos todo lo ke nos resta de este respiro pa seguir vivendo, te mando un saludote y espero vernos un buen dia de estos.
A veces cuando leo a Juan Ramón Jiménez, lloro al sentir la sensibilidad presente en el nombre que le da a las cosas...
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