No soy un falso Hemingway. Mi obsesión con París es legítima y auténtica. Lo confirma un cambio de temperamento. El vértigo sutil que inicia desde el aeropuerto de Charles de Gaulle. Lo desgarbado de los pasillos, con su capa de tierra y su burocracia disfuncional que tanto me recuerda a la de México. Luego el metro, con sus olores inclasificables y sus locos inquilinos de cada vagón. Cualquiera de sus calles, su pequeños bares, la ausencia de pretensiones, el cielo gris que lo entristece y lo engrandece todo. Ayer caminaba por Champs Elysées. Iluminaron todos los árboles con cursis foquitos navideños. Esa cursilería que declara la melancolía de una ciudad hermosa que nunca se ha convencido a sí misma de que lo es. Ergo, el maquillaje resaltando sus banquetas, coloretes de neón, marquesinas que imitan la bisutería plástica del vestido mal cortado.
Pero París, mi hermoso refugio, ha sido mal cortada para mí.
1 comments:
Osawal.Ese es mi Dr. como me da gusto leer lo que escribes, me gustó tanto como describes a Paris, de igual manera lo vas a hacer con tu libro, Felicidades Tito, besos de mamá ok. Adelante, que Dios y la Virgen te iluminen para que hagas un buen libro ok. Chayo E.Z.
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