domingo, febrero 11, 2007

Nieve

Me viene siguiendo la nieve desde hace varias semanas, y eso que ni siquiera he leído la novela de Pamuk. Primero me cayó en Juárez, luego en Washington y ahora en Nueva York. Y como siempre en el geist mexicano (cf. juego reciente de la selección contra los gringos) mis recursos son siempre a posteriori. Las botas y la chamarra para el ártico aparecieron hoy, justo cuando el sol desborda los apretujados barrios de esta ciudad y de menos veinte pasamos a más dos centígrados.

La noche del frío filoso la vivimos la semana pasada. Las tuberías del baño se congelaron y no había agua caliente. El casero envió a un tipo con un aparato eléctrico para pasar literalmente corriente a los tubos. El descongelamiento tardó, pero logramos recuperar el líquido vital. Con la taza del baño el recurso fue menos aparatoso: bastó con una jarra de agua caliente directa a la taza para descongelarla. Después de vaciar la jarra, el tipo cobró al casero 200 dólares.

-Máquina para pasar corriente a la tubería: 100 dólares.
-Jarra de agua caliente: 5 dólares.
-La molestia de venir a explicarnos cómo utilizar los dos métodos arriba mencionados: 95 dólares.
-Mentarle la madre al plomero por pasarse de lanza: priceless.

Regreso a mis lecturas. Ahora me encuentro divagando entre nociones de la hypertextualidad y tres novelas mexicanas que serán sacrificadas en mi próxima ponencia que, si el pudor me lo permite, publicaré en este espacio sinvergüenza. En medio de este frío de pronto me acordé de Hemingway en París, intentando calentar su chimenea. Quién pudiera volver a la Mouffetard para una Guinnes de a litro... Salud desde la región enblanquecida por la nieve.