El patriarca parece finalmente llegar al otoño. Pinochet se nos va repudiado pero sin haber purgado las décadas de crímenes cometidos durante su sanguinaria dictadura. En tanto, Hugo Chávez una vez más destruye a la oposición con una sólida victoria de más del 60 porciento del electorado a su favor. La derecha se retuerce ante la implacable fuerza de la democracia en Venezuela y observa con tristeza la muerte de su abuelito torturador. Cierto que el perfil de Chávez suena a peligro en muchos temperamentos conservadores que no toleran su uso desmedido de recursos públicos en beneficio de los sectores más desprotegidos. ¿El proyecto del candidato de oposición?: ofrecer tarjetas de débito a los venezolanos con un simbólico porcentaje de las ganancias obtenidas por el petróleo para que dispongan de los recursos directamente. Eso, dice la derecha que sí sabe administrar, es un verdadero proyecto económico a largo plazo que nada tiene que ver con el populismo.
En México, nuestro flamante peloncito que se cree presidente decidió recortar un increíble 10% a los salarios ejecutivos de su gabinete, el suyo incluido. "Calderón ganará un sueldo neto mensual de 150 mil 530 pesos. Su antecesor tenía un ingreso de 167 mil 255 pesos", nos informa El Universal. ¿Cómo le hará ahora para completar pa'l chivo? ¿Le pedirá prestado a Hildebrando?
Que nadie se sorprenda si esa reducción se canaliza directamente en forma de diezmo a los Legionarios de Cristo, que a su vez podrían emitir tarjas de débito de Citibank (nuestro respetable banco nacional) para ejercer una política económica responsable y libre de populismos (¡gracias a dios y al yunque!). Al que no le guste, que reclame a nuestro Secretario de Gobernación, Ramírez Acuña, quien conoce ciertas técnicas de persuasión muy efectivas, digno del mejor estudiante de Pinochet.
Hasta ganas dan de importar la revolución bolivariana...
Ensayos académicos, artículos periodísticos, ficción y notas ocasionales sobre literatura, cine y arte
lunes, diciembre 04, 2006
viernes, diciembre 01, 2006
El peloncito insignificante que se asume presidente

La toma de protesta de Calderón refleja sin ambigüedades el debilitado perfil político que lo definió en su campaña presidencial: un hombrecito sin liderazgo, acosado por dos terceras partes del electorado que repudian su ascensión y acotado por su propio círculo de esbirros que ha comenzado a cobrarle la cuenta. Al revisar la lista de los oscuros personajes que conforman su gabinete (en particular con el represor metido ahora a secretario de gobernación), el creciente flujo de inmigrantes al norte, el estado de sitio en Oaxaca, la violencia nacional del narcotráfico, la rampante inequidad, pocos quieren compartir el timón del barco en perpetuo proceso de hundimiento pero muchos quieren saquear el botín antes de que toque fondo. Y mientras, los panistas que antes de julio de 2000 agredían y vituperaban toda representación gubernamental, que tomaban puentes y carreteras con lujo de violencia, que amedrentaban, gritaban y protagonizaban cualquier bajeza en el congreso (no olvidemos al propio Fox disfrazado de Porky en el pleno durante un informe de gobierno), en actos oficiales en plazas y donde se ofreciera, ahora claman paz y respeto a instituciones que ellos mismos vulneraron en la pasada elección. Apelan al más básico sentido del deber, de nuestra obligación con la patria, de unidad nacional que ahora que ya no hay rivales que vencer (en apariencia) sí les resulta imprescindible.
A todos los blanquiazules y sus cómplices, los hipócritas que apostaron por el fraude electoral, que desde el poder se convirtieron en una aberrante y esperpéntica imitación del peor PRI, a todos esos panistas que han contribuido a este patético momento de nuestra historia, les reconozco una única utilidad: nos sirven de referencia --recordando una consigna lapidaria-- pues viven la vida que la mayoría de los ciudadanos mexicanos desprecia.
A todos los blanquiazules y sus cómplices, los hipócritas que apostaron por el fraude electoral, que desde el poder se convirtieron en una aberrante y esperpéntica imitación del peor PRI, a todos esos panistas que han contribuido a este patético momento de nuestra historia, les reconozco una única utilidad: nos sirven de referencia --recordando una consigna lapidaria-- pues viven la vida que la mayoría de los ciudadanos mexicanos desprecia.
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