domingo, febrero 05, 2012

Narconarrativas: un ensayo crítico

Esta ponencia fue leída durante un congreso sobre filosofía y literatura en The Graduate Center, City University of New York, el jueves 3 de noviembre, 2011. El texto resume un artículo largo que publicaré próximamente en una revista académica. Agradezco a mis colegas Nuria Morgado y Rolando Pérez la invitación al congreso.

Mímesis y narconarrativa:
los límites críticos de la narconovela mexicana


Oswaldo Zavala
College of Staten Island, CUNY

El supuesto enfrentamiento entre el Estado mexicano y los cárteles del narcotráfico ha producido más de 50 mil asesinatos en menos de cuatro años, un estado de sitio nacional y una profunda crisis política sin precedentes. La mayoría de los crímenes ha ocurrido en las regiones del país donde se reconcentran decenas de miles de soldados del ejército mexicano y agentes de la policía federal, siguiendo una estrategia concebida por el presidente Felipe Calderón y su gabinete. Calderón mantiene como justificación ante las preguntas de un sector ciudadano crítico cada vez más generalizado que dicha estrategia fue articulada como respuesta inaplazable a niveles de violencia desproporcionados en la historia moderna del país.

Pero como ha demostrado el sociólogo y catedrático del Colegio de México, Fernando Escalante Gonzalbo, la tasa de asesinatos a nivel nacional consistentemente se había desplazado a la baja durante los últimos veinte años, produciendo un “descenso lento y sostenido” que fue roto sólo a partir de la militarización del país ordenada por Calderón. Siguiendo su análisis estadístico, Escalante concluye que incluso Ciudad Juárez, considerada la ciudad más violenta del país actualmente, mostraba una tasa de homicidios decididamente a la baja durante la década anterior a la militarización de 2008. En 2007 se registraron alrededor de 340 asesinatos en esa ciudad, cifra cercana a un promedio sostenido desde 1997, el año que más asesinatos había registrado hasta ese momento. Con la llegada del ejército y la policía federal, esa cifra ascendió a más de mil 600 en 2008, a más 2 mil 600 en 2009 y más de 3 mil en 2010. Así, casi 10 mil de los más de 50 mil asesinatos han ocurrido en Ciudad Juárez. El gobierno de Calderón arguye que los distintos cárteles de la droga desataron una guerra simultánea por todo el país para responder con más violencia a cada intervención del ejército y la policía federal. Edgardo Buscaglia, una de las pocas voces críticas relevantes en los actuales debates, ha refutado y revertido con efectividad la tesis del gobierno federal:

"[La guerra contra el narcotráfico] sólo es un show mediático. Las estructuras corruptas hasta ahora ni siquiera se han tocado. El crimen organizado es un fenómeno político y social y declararle la guerra a este es como declararle la guerra a uno mismo. La sociedad apoya estas organizaciones. Los grupos de criminales son parte de la red social, son parte del estado". (Die Tageszeitung)

Un aspecto clave de la dificultad para comprender la realidad del narcotráfico, según el investigador del Colegio de México, radica en la fuerza hegemónica del discurso oficial. Explica Escalante Gonzalbo:

"El lenguaje que hemos aprendido todos para hablar del tráfico de drogas es de una claridad engañosa. Todos hablamos del cártel, la plaza, la ruta, el lugarteniente, los sicarios, y nos hacemos la ilusión de que entendemos. Y es un relato tan simple, tan atractivo desde un punto de vista narrativo, que termina por ser irresistible: ¿mataron a un alcalde? Fue el crimen organizado, que se pelea por la plaza. ¿Mataron a un candidato a gobernador? Fue el crimen organizado, que se pelea por la plaza. ¿Un atentado contra el ejército, contra la policía federal? El crimen organizado, peleando por la plaza. ¿Fue en una fiesta, en un centro de rehabilitación, en una brecha en la sierra de Durango, en la Montaña de Guerrero? El crimen organizado, la plaza. ¿Ciudad Juárez, Apatzingán, Teloloapan, Tantoyuca, Huejutla, Zacualpan de Amilpas? El crimen organizado, la plaza. ¿Cien muertos, mil, 10 mil, 20 mil, 40 mil? El crimen organizado, la ruta, la plaza". (Escalante)

La complejidad y la urgencia trágica que implica el problema del narcotráfico en México no han sido aún pensadas con la claridad crítica que exige el fenómeno, con excepción de contadas y aisladas investigaciones como las de Escalante Gonzalbo y Buscaglia, inadvertidas o en el mejor de los casos inconsecuentes en la cobertura de los principales medios de comunicación, con frecuencia reiterando discursos oficiales al respecto, como lo señala el mismo Escalante Gonzalbo.

Paralelamente, las oportunidades literarias que se desprenden de este momento insólito de la historia de México han privilegiado un acercamiento mítico que, como discutiré en lo que sigue, ha generado una improductiva confusión entre la estructuración del relato novelesco, la noción clásica de mímesis y la manera en que la novela opera como vehículo de conocimiento. Así, en las últimas dos décadas buena parte de los narradores mexicanos que exploran el tema del narcotráfico han llevado a cabo un vaciamiento de la dimensión crítica que una novela puede —y acaso debe— asumir frente a su referente. En su lugar, las novelas de escritores como Élmer Mendoza, Luis Humberto Crosthwaite, Heriberto Yépez, Eduardo Antonio Parra, Yuri Herrera, Orfa Alarcón y Juan Pablo Villalobos, por mencionar a los más visibles, enfatizan imágenes míticas de la violencia, sus actores y sus víctimas, de un modo apolítico y descontextualizado de toda posibilidad de historización. Neutralizados por las dinámicas mercantiles del campo literario, estos novelistas han adoptado visiones conformistas del país que, lejos de intervenir con gestos críticos, reproducen las lógicas con las cuales el Estado mexicano justifica los crímenes de lesa humanidad que han dañado el tejido social del país tal vez ya con efectos irreparables.

Por cuestiones de tiempo, no me será posible comentar a detalle las principales narconovelas que han sido celebradas por la crítica, como es el caso de Trabajos del reino (2004) de Yuri Herrera, Perra brava (2010) de Orfa Alarcón y Fiesta en la madriguera (2010) de Juan Pablo Villalobos. Me limito a señalar los rasgos más evidentes que condicionan las estructuras narrativas de estos y otros textos similares. En su conjunto, se trata de una narrativa comparable a las novelas middlebrow escritas para el público angloparlante en Estados Unidos: narraciones formulaicas pensadas para un lector de clase media que busca a su vez confirmar una opinión basada en el imaginario mediático del narco que a nivel nacional promueven las cadenas Televisa, TV Azteca, Telemundo y los principales noticieros electrónicos en México, junto con el consumo masivo de ciertas películas y música popular, en especial los celebrados narcocorridos de bandas como Los Tigres del Norte y el hip-hop de grupos como Cartel de Santa. Buscando igualar el éxito comercial del best-seller La reina del sur, (2002) del español Arturo Pérez Reverte, las narconovelas mexicanas con frecuencia narran la peculiar e inverosímil vida de narcotraficantes o de personas relacionadas con ellos como si se tratara de celebridades del jet-set neoyorkino: excéntricos, atractivos, insondablemente malvados y por encima de todo, posicionados en las antípodas del poder del estado. Así, los narcotraficantes imaginados se presentan como una amenaza que se mantiene al exterior del poder del Estado, entidades criminales siempre distinguibles de las estructuras de gobierno. Como objetos textuales que exploran el fenómeno del narcotráfico, sin embargo, las narconarrativas deben entenderse principalmente como intervenciones discursivas dentro de un marco teórico específico que exige reconsiderar la noción clásica de mímesis. Mi objetivo aquí es formular una noción actualizada que permita elucidar el andamiaje textual de las narconarrativas, término que con el que además de las novelas antes mencionadas, señalo un disperso pero interrelacionado corpus de textos, películas, música y arte conceptual generado en las últimas cuatro décadas en el campo de producción cultural mexicano.

La crítica más frecuente sobre narconarrativas puede dividirse en tres principales temas: la conceptualización de la violencia como problema filosófico y sus variadas formas de subjetivización, como en el trabajo de Herman Herlinghaus; la excepcionalidad de ciudades del norte de México, sedes de los mayores cárteles de la droga, como espacio de negatividad post-nacional y antagónico de la capital, siguiendo los trabajos de Miguel Rodríguez Lozano y Juan Carlos Ramírez-Pimienta; y finalmente la exploración de registros míticos y estilizados abordada por críticos culturales como Christopher Domínguez Michael, entre otros. El común denominador de los tres acercamientos es la cancelación de un vínculo directo entre narración y referente. En su lugar, estos estudios se enfocan en sistemas de representación periféricos al narcotráfico, de modo que optan por elucidar subjetividades alternativas, desconstrucciones de formaciones nacionalistas y mitificaciones lingüísticas del narco, pero no el narco en su materialidad histórica y política concreta e inmediata.

Para acercase a esa materialidad, me resulta útil la redefinición de las estrategias textuales del realismo con que Antoine Compagnon sintetiza las actuales deconstrucciones ideológicas de los estudios culturales y las nociones autotélicas del lenguaje literario que predominaron en las décadas de 1960 y 70. Compagnon defiende el vínculo entre texto y referente como una experiencia de conocimiento específico que independientemente del proyecto literario, remite al mundo real:

"La mimesis es entonces conocimiento, y no copia ni réplica idéntica: designa un conocimiento propio del hombre, la manera en que él construye y habita el mundo. Reevaluar la mimesis a pesar del oprobio que la teoría literaria le ha infligido, nos conduce ante todo a subrayar su vínculo con el conocimiento, y por ello del mundo y de la realidad". (148)

La tesis de Compagnon, informada por el trabajo de Eric Auerbach, Northrop Frye y Paul Ricœur, actualiza el conocido axioma del Roland Barthes de las Mitologías (1957): “No se espera que el lenguaje del escritor represente la realidad, sino que la signifique” (137). Lejos de la sofisticación de formulaciones como las de Compagnon o Barthes, la crítica contemporánea sobre narconarrativas aborda una noción de mimesis de forma superficial y reductiva al intentar cancelar su problemática relación con el fenómeno sociopolítico al que aluden.

Me parece que este impasse se localiza justamente en la imposibilidad de pensar el texto literario como dispositivo discursivo articulador de verdades específicas. Sigo aquí a Alain Badiou para comentar tres modelos históricos de mímesis que él considera activos a lo largo del siglo veinte: el “didáctico”, que supone una verdad absoluta al exterior de la obra de arte, enunciando con Platón que el arte es en sí incapaz de producir una verdad propia; el “romántico”, que invierte el esquema anterior y propone al arte como el único productor de verdad; y finalmente el “clásico”, que desde Aristóteles cancela toda posibilidad de verdad en el arte para enfatizar la “función terapéutica” que realiza en su público por medio de la catarsis (Handbook 3-4). Los tres modelos, afirma Badiou, “saturan” el siglo veinte bajo las corrientes críticas del marxismo, el sicoanálisis y la hermenéutica heideggeriana. Badiou formula entonces un cuarto modelo mimético bajo el cual una obra de arte se deriva de una cierta “configuración artística” que a su vez organiza el conocimiento de un modo único y pertinente en cada obra. En ese sentido, escribe Badiou:

"El arte es pedagógico por la simple razón de que produce verdades y porque la “educación” (salvo en su expresión opresiva o perversa) nunca intentó decir más que esto: organizar formas de conocimiento de tal modo que se produzca una verdad que las perfore". (9)

El modelo ético de Badiou propone pensar la obra de arte como co-extensiva de una verdad a la vez inmanente y singular, es decir, a la obra como productora de verdades específicas únicamente posibles en los límites de cada manifestación artística. El modelo advierte la generación de verdades específicas que pueden interpretarse como formas de conocimiento mediadas por expresiones artísticas que pueden pensarse al mismo tiempo como intervenciones discursivas en determinados debates. Más que una exigencia general, la dimensión ética del arte que propone Badiou somete a examen la relevancia crítica que ciertas obras pueden alcanzar sin recurrir a funciones ancilares al hecho literario. En el caso de las narconovelas, al ser co-extensiva de un texto literario, la forma de conocimiento específica sobre el narco aparece o debería aparecer como una dimensión constitutiva de cada texto, y no como un resonancia exterior o superior a su procedimiento estético.

Siguiendo ahora a Pierre Bourdieu, es posible imbricar lo estético y su conocimiento referencial al entender que el campo literario ocupa temporalmente lo que Bourdieu llama una “posición dominada” ante el campo de poder, lo cual produce efectos directos en la ejecución y en la disposición constitutiva de obras de arte (216):

"Por muy liberados que estén [los campos de producción cultural] de limitaciones y demandas externas, están atravesadas por necesidades de los campos que los enmarcan: la necesidad de la ganancia, económica o política. De allí se sigue que son a la vez el sitio de una lucha entre dos principios de jerarquización: el principio heterónomo, el cual favorece a aquellos que dominan el campo económica y políticamente (por ejemplo, el ‘arte burgués’), y el principio autónomo (por ejemplo, el ‘arte por el arte’)". (216)

Ambos principios de jerarquización que definen las posiciones sociales de los proyectos artísticos reflejan también modos de operar de ciertas corrientes críticas. En el caso de las narconarrativas, o bien la crítica estudia las condiciones de posibilidad de las narconovelas como un arte autónomo (sus logros estilísticos, su registro simbólico), o bien se enfocan en sus efectos ulteriores extrapolando vínculos con aspectos múltiples de la sociedad (el nacionalismo, espacios y subjetividades alternativas, etc.). En dicha crítica, sin embargo, las narconovelas no son examinadas como intervenciones directas de una praxis literaria en la misma materia del referente que informa sus estructuras artísticas. Dicho de otro modo: los mismos principios de jerarquización que neutralizan los gestos críticos de los autores de narconovelas operan también en la mayoría de las agendas críticas que estudian esos textos. La posición por momentos dominada que asume el campo literario ante el campo de poder explica en más de un modo el hecho de que la mayoría de las narconovelas reproduzca el conveniente discurso que el Estado mexicano articula en torno al narcotráfico. Más preocupados en dinámicas del mercado editorial que en explorar la forma en que los textos literarios habitan el mundo referencial con o sin relevancia crítica, la mayoría de los autores de narconarrativas adopta construcciones míticas del fenómeno que rara vez divergen de discursos hegemónicos y que en cambio dan forma literaria a la poderosa y normativa imaginación oficial.

Para concluir, permítaseme una rápida mirada retrospectiva: el único momento histórico comparable a la devastación producida por la equívoca estrategia de estado ante el narcotráfico se remite a los años de la revolución mexicana. La primera revolución social del siglo veinte inició con el propósito de derrocar la dictadura de Porfirio Díaz y llevar a cabo una profunda reforma política. La apertura democrática que significó la elección de Francisco Madero a la presidencia en 1911, sin embargo, no cumplió con el reclamo nacional de justicia social. Esto produjo no solo el asesinato de Madero, sino una década de violencia protagonizada por ambiciosos generales que acabaron matándose entre sí por el poder absoluto que los obsesionaba. Anoto esto porque es importante entender que lo que ahora se denomina como “novelas de la revolución” en realidad se ocupa de esa etapa fraticida, únicamente comprensible al analizar las complejas redes de poder, masculinidad, geopolítica y de intereses creados por cada una de las facciones involucradas. Ante esa desolación sociopolítica, las obras de Martín Luis Guzmán, Nellie Campobello y Mariano Azuela articularon agudas deconstrucciones de las élites gobernantes, como en el caso de La sombra del caudillo (1929), o propusieron la crónica descarnada de los soldados y ciudadanos miserables y victimados por el conflicto, como en Cartucho (1931) y Los de abajo (1916). Al publicarse Pedro Páramo en 1955, sin embargo, se produjo una apertura en el campo literario que resignificó la noción de realismo como una estrategia superada por la tradición. Al menos así lo interpretó Carlos Fuentes en su ensayo La nueva novela hispanoamericana (1969) cuando explica que hubo que esperar a que

"Juan Rulfo procediese, en Pedro Páramo, a la mitificación de las situaciones, los tipos y el lenguaje del campo mexicano, cerrando para siempre —y con llave de oro— la temática documental de la revolución. Rulfo convierte la semilla de Azuela y Guzmán en un árbol seco y desnudo del cual cuelgan unos frutos de brillo sombrío: frutos duales, frutos gemelos que han de ser probados si se quiere vivir, a sabiendas de que contienen los jugos de la muerte". (16)

La radical ruptura que implica, según Fuentes, el lenguaje mítico de Rulfo, recodificó la historia literaria mexicana, reduciendo el colectivo de novelas de la revolución a un realismo ineficaz y datado, a pesar de estar integrado por textos escritos en décadas diferentes del México posrevolucionario y en muy variados registros literarios, desde lo simbólico hasta lo documental histórico. Al alejarnos del deliberado misreading de Fuentes, se hace visible, sin embargo, una genealogía de novelas críticas del poder en México que cruza décadas y géneros pero que un siglo después tiene escasos ejemplos entre los autores de narconovelas. Como justificación de ese fracaso, se acepta sin mayores reticencias la perogrullada de que hace falta tiempo que medie entre el evento que está llevando a México hacia su implosión y su conceptualización literaria. Pero recordar, por volver a ese ejemplo célebre, que el doctor Mariano Azuela anotó las páginas clave de Los de abajo en medio del fuego cruzado que derrotaría a Pancho Villa, que acompañó a la División del Norte y sobrevivió con esos soldados vencidos su penosa marcha hacia el exilio por las montañas de Chihuahua para lograr que un periódico en español en El Paso, Texas, publicara su novela por entregas en 1916, es decir, en el centro de la vorágine de la revolución, recordar este episodio inaudito de la historia literaria de México, quiero decir, nos obliga a repensar la altura del actual desafío histórico y la desoladora ausencia de escritores con la voluntad de narrarlo y al mismo tiempo, interrogarlo con la fuerza de la subversión, es decir, con las luces de la imaginación crítica.

Bibliografía

Alarcón, Orfa. Perra brava. México: Planeta, 2010.

Badiou, Alain. Ethics. An Essay on the Understanding of Evil. Trans. Peter Hallward. London and New York: Verso, 2002.

—. Handbook of Inaesthetics. 1998. Trans. Alberto Toscano. Stanford: Stanford UP, 2005.

Barthes, Roland. Mythologies. 1957. Trans. Annette Lavers. New York: Hill and Wang, 2001.

Bourdieu, Pierre. The Rules of Art. Genesis and Structure of the Literary Field. 1992. Trans. Susan Emanuel. Stanford: Stanford UP, 1995.

Compagnon, Antoine. Literature, Theory and Common Sense. Trans. Carol Cosman. 1998. Princeton: Princeton UP, 2004.

Die Tageszietung. “Edgardo Buscaglia: el fracaso de la guerra contra el narco”. Nuestra aparente rendición. 30 Octubre 2011. <http://nuestraaparenterendicion.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=87:edgardo-buscaglia-el-fracaso-de-la-guerra-contra-el-narco-por-el-diario-alemán-die-tageszeitung&Itemid=38>.

Domínguez Michael, Christopher. “Una nueva novela lírica.” Letras Libres. 30 March 2011. 5 May 2011. <http://www.letraslibres.com/beta/blogs/una-nueva-novela-lirica>.

Escalante Gonzalbo, Fernando. “Homicidios 2008-2009. La muerte tiene permiso.” Nexos. 3 Jan. 2011. 26 June 2011.
<http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=1943189>.

Fuentes, Carlos. La nueva novela hispanoamericana. México: Joaquín Mortiz, 1969.

García Ramírez, Fernando. “Literatura contra el horror.” Letras Libres. May 2011: 84-85.

Herrera, Yuri. Señales que precederán al fin del mundo. Cáceres: Periférica, 2009.

—. Trabajos del reino. Cáceres: Periférica, 2008.

Parra, Eduardo Antonio. “La fábula del narcotráfico.” Letras Libres. Sept. 2005: 79-80.

Pérez-Reverte, Arturo. La reina del sur. Mexico: Alfaguara, 2002.

Rancière, Jacques. Aesthetics and Its Discontents. Trans. Steven Corcoran. Malden, MA: Polity Press, 2009.

Villalobos, Juan Pablo. Fiesta en la madriguera. Barcelona: Anagrama 2010.

Yépez, Heriberto. Al otro lado. Mexico: Planeta, 2008.

sábado, diciembre 11, 2010

Jaime Nicolopulos, in memoriam

Su oficina se abría interrumpida por libreros que daban la sensación de multiplicar el espacio, como si de pronto se estuviera en los pasillos de la Benson y no en Benedict Hall. De esas tardes recuerdo sobre todo el sonido endeble de viejos corridos grabados en vinilo. Alguna vez, cuando era T.A., lo vi entusiasmar undergrads con esa música de discos agrietados. A nosotros, los graduates, nos bastaba para admirarlo su brillante lectura de la poesía colonial, las historias de sus aventureros viajes por el norte de México, que siempre conocía mejor que cualquier fronterizo como yo. Pero cuando escuchaba la música que en más de un modo también define mi historia, aprendí a disfrutar los hallazgos culturales que el profesor Nicolopulos había rescatado de quién sabe dónde. Aspiro ahora al ritmo paciente de su investigación, la meticulosa tarea que compartí con él ciertos meses en que tuve la suerte de ayudarlo a transcribir la añeja sonoridad del corrido que tanto lo intrigaba. Me sabré afortunado si consigo reproducir en mis estudiantes las buenas luces de su enseñanza; si acaso algún día mi oficina, ante los ojos deslumbrados de un joven, se asemeja a una biblioteca.

lunes, noviembre 08, 2010

El segundo México o la guerra discursiva por las drogas

Va un artículo publicado recientemente en el sitio de internet de la revista PROCESO

La guerra discursiva por las drogas
Oswaldo Zavala


NUEVA YORK, 5 de noviembre (apro).- El pasado 19 de octubre se realizó en esta ciudad un foro “en solidaridad” con periodistas mexicanos que han sido objeto de agresión, intimidación y asesinato desde que el presidente Felipe Calderón emprendió su “guerra” contra el narcotráfico.

En el evento, titulado Estado de emergencia: censura por balas, estuvieron presentes los célebres escritores estadounidenses Paul Auster y Don DeLillo. También participaron la periodista Carmen Aristegui, conductora de la primera emisión de Noticias MVS, y la reportera Rocío Gallegos, de El Diario de Ciudad Juárez.

Las dos periodistas exigieron justicia por los asesinatos de dos reporteros de El Diario e hicieron evidente el fracaso de la estrategia del gobierno federal en su combate a la delincuencia organizada.

Este tipo de eventos, cuya intención y reclamo son justos, es sintomático de una imposibilidad discursiva dentro y fuera de México: el mainstream (corriente principal) de los medios de comunicación y de la opinión pública en general comparten una misma visión al momento de hablar sobre el tema del narcotráfico.

En primer lugar está la noción de que los supuestos cárteles de la droga son organizaciones implacables, de poder insondable, que penetra, corrompe y finalmente controla aspectos clave de todos los niveles de gobierno.

Y los más críticos deducen que la “guerra” de Calderón es, en el peor de los casos, una acción política ingenua, débil y fracasada de origen. Prueba de ello es que el Ejército, la Policía Federal y las instituciones judiciales son “rebasadas” por los criminales, que consiguen siempre burlar y someter al estado de derecho.

Entendido así, el narcotráfico es una fuerza exterior al Estado, perfectamente distinguible de la buena voluntad del gobierno, por muy incompetente y corrompible que sea esta última.

El polémico editorial publicado el 19 de septiembre por El Diario de Ciudad Juárez es presa involuntaria de esta trampa discursiva. Al dirigirse a las “diferentes organizaciones que se disputan la plaza”, “las autoridades de facto” que reemplazan a “los mandos instituidos legalmente”, el editorial reproduce la lógica promovida precisamente desde la agenda del Estado: los omnipotentes cárteles tienen sitiada a la ciudad. Es decir que todos los crímenes que allí ocurren son indiscutiblemente responsabilidad de criminales que, una vez más, han rebasado a la autoridad oficial.

A la mayoría de los medios de comunicación, nacionales e internacionales, no les resulta viable articular una arriesgada tesis que recorre Ciudad Juárez como un fantasma desde hace varios años: la guerra de Felipe Calderón es una guerra por las drogas en la que, en efecto, dos poderes del narcotráfico se combaten a muerte por la imprescindible plaza fronteriza.

Pero no me refiero aquí a dos cárteles, sino precisamente a dos poderes, entre los cuales se vuelve indistinguible la identidad del Estado y la identidad de las organizaciones administradoras del mercado de estupefacientes.

En más de un modo, lo que existe es una compleja simbiosis entre Estado y narcotráfico que se manifiesta en las calles de la ciudad: cuando no son los soldados o agentes federales, comandos armados se materializan repentinamente, asesinan con impunidad absoluta y después se disuelven sin dejar rastro.

En 2009, la revista británica Frontline publicó un ensayo y fotografías del periodista juarense Julián Cardona. El texto, titulado J-WAR-ez, es contundente y revelador. Cardona entrevista a un activista de derechos humanos que omite su nombre, pero que refuta la tesis del gobierno federal.

No se trata del cártel de Sinaloa y su jefe, El Chapo Guzmán, tratando de arrebatar la plaza al cártel de Juárez. Ni siquiera existe la lucha entre cárteles, como se piensa comúnmente. Existe una ciudad en manos de fuerzas federales que llegaron para destruir al narcotráfico y el narcomenudeo local controlado por “La Línea”, esa organización integrada por policías municipales y estatales corruptos, protegidos desde el gobierno del estado.

La realidad poco reportada es que Juárez ya no es sólo uno de los corredores predilectos para el tráfico de drogas. Se ha convertido, en la última década, en una zona de alto consumo, y las fuerzas federales han decidido actuar en contra de sus dueños. Nadie puede decir con certeza que ha visto a narcotraficantes asesinarse entre ellos. Muchos, en cambio, han sido víctimas de primera mano de todo tipo de crímenes y delitos cometidos por soldados y agentes federales, o por comandos de sicarios armados que operan sin el menor contratiempo en la ciudad.

Concluye el texto de Cardona: “¿Y si El Chapo no está detrás de esto, entonces quién? ‘Es el Ejército, estúpido’. Esto es lo que se escucha en la calle”.

El trabajo de Cardona ilustra con frecuencia las investigaciones y reportajes del periodista estadounidense Charles Bowden, que desde hace más de una década ha escrito sobre Ciudad Juárez. En su más reciente libro, Murder City, publicado este año, Bowden adelanta su más radical tesis sobre el narcotráfico en el país.

Según él, existen dos versiones discursivas de México: por un lado está el México del valiente presidente Calderón que ha decidido no tolerar más a las organizaciones de narcotraficantes, arriesgando su capital político por el bien de la nación. Desde Estados Unidos, este México aparece como una república “hermana” donde existe una funcional sociedad civil, leyes y su correspondiente estado de derecho.

Pero ese México simplemente “no existe”, escribe Bowden: “Hay un segundo México, donde la guerra es por las drogas, por la enorme cantidad de dinero que se genera en las drogas, donde la policía y el Ejército luchan por su parte de las ganancias, donde la prensa es controlada con el asesinato de reporteros y con banquetes hechos de una consistente dieta de sobornos, y donde la línea entre el gobierno y el mundo de la droga nunca ha existido”.

La idea de este segundo México asusta a muchos, convence a pocos y preocupa a los menos, porque discursivamente se mantiene dentro de una esfera de lo inverosímil, lo inaceptable, lo imposible.

El filósofo francés Jacques Rancière sostiene que toda sociedad funciona bajo una “distribución de lo sensible”, un sistema de percepciones evidentes bajo el cual se articula lo visible y lo invisible, lo audible y lo inaudible. Aspectos de la sociedad se comparten y se manifiestan como posiciones en común, mientras que otros puntos permanecen oscurecidos y fuera del rango de lo aceptable.

Así, la idea de que en México los cárteles de la droga amenazan desde el exterior la viabilidad del gobierno, de las instituciones judiciales y de la sociedad civil, es parte de un régimen de lo decible. Las leyendas urbanas de los narcos y la llamada narcocultura, explotadas igualmente por redituables investigaciones periodísticas, narcocorridos, películas de acción y novelas rebosantes de balas y pólvora, participan de este fenómeno. Mientras, el “segundo México” del que escribe Bowden queda relegado a un espacio de invisibilidad discursiva (piénsese aquí por qué no se ha escrito aún en México una novela como El poder del perro de Don Winslow, que dramatiza el tráfico de drogas sin míticos narcos omnipotentes por encima de la ley, o por qué no se ha grabado un narcocorrido sobre un narcogeneral como Jesús Rebollo).

Sus enunciados aparecen en la percepción pública como planteamientos de tal radicalidad que son neutralizados por tesis más verosímiles, es decir, aceptadas por el grueso de la comunidad.

Mientras que en foros públicos no sea posible examinar con seriedad y detenimiento análisis como el de Bowden, Cardona y otros periodistas que dentro y fuera de México cada vez más comparten una misma conceptualización del problema del narcotráfico, no podremos transgredir ese régimen discursivo que hasta la fecha exime de responsabilidad al gobierno de Felipe Calderón.

En tanto, la guerra por las drogas continuará sumando cadáveres a los casi 30 mil asesinatos que ha producido directa e indirectamente en todo el país y cuya brutal visibilidad es, por lo menos, imposible de ocultar.

sábado, enero 31, 2009

Bolaño y "Los suicidas"

Texto leído en el congreso "Literatura y Bebida: Aguas santas de la creación", en Mérida, Yucatán, 15-17 de enero, 2009:

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La última ronda de la modernidad:
Los detectives salvajes y el mezcal “Los Suicidas”


El poeta inglés Stephen Spender anota que la novela Bajo el volcán (1947), de Malcom Lowry, es sin duda el mejor relato sobre un “borracho” que aparece ebrio en el paisaje mexicano, con frecuencia por exceso de mezcal, más de la mitad del texto. La intoxicación del cónsul británico Geoffrey Firmin, por supuesto, debe entenderse también como vehículo de un conocimiento sólo asequible bajo el influjo del alcohol. Escribe Spender:
Para el momento en que terminamos esta novela sabemos cómo piensa, qué siente, cómo camina y cómo se acuesta un borracho, y experimentamos no sólo el desconcierto de la bebida sino también sus momentos de clarividencia translúcida, de perfeccionada expresión (ix) .

Aducir las capacidades cognitivas de la intoxicación es afirmar lo obvio. Pero en el caso de Lowry —y sin duda de Roberto Bolaño— la embriaguez lúcida es apenas el principio metodológico de una muy peculiar visión de la modernidad literaria. Esta visión nos permite observar el desarrollo de una corriente literaria —en el sentido que Henríquez Ureña concedía al término— que avanza en sentido contrario del modernism que admiraba Lowry y cuyas técnicas narrativas algunos han querido constatar en Bajo el volcán. Mientras que escritores como Joyce, Eliot y Pound, arguye Spender, intentaban articular una literatura donde la experiencia del lenguaje sometiera y disolviera las limitaciones del sujeto, Lowry se propuso una novela “autobiográfica, personal y subjetiva” (x). Bajo el volcán reactiva así, bajo la influencia de la vanguardia anglófona, algunos de los rasgos más significativos del romanticismo. Al simbolismo colectivo joyceano, Lowry y Firmin oponen un fuerte individualismo de clarividencia etílica. Explica Spender:

En los pensamientos del Cónsul se encuentra el argumento de que si alcanza la más completa conciencia sólo a través del mezcal, entonces debe tomarlo. La dipsomanía es justificada, o debe ser soportada. También siente profundamente que en estos tiempos el precio a pagar por estar completamente conciente es el aislamiento (xvii).

El aislamiento de Firmin, teñido de un individualismo romántico, no pierde la subjetividad, como Joyce, entre los pliegues del lenguaje. En esa extraña versión de una modernidad embriagada para recobrar la experiencia del sujeto, Bajo el volcán radicaliza el lenguaje literario hacia el extremo opuesto del high modernism: la modernidad no excluye al sujeto, sino que nace de él. A esa genealogía —híbrido romántico y vanguardista—, pertenece Los detectives salvajes (1998) de Roberto Bolaño. Me detendré en lo que sigue en un episodio fragmentado en la segunda parte de la novela, en la cual los lectores asisten a múltiples encuentros con personajes que se relacionaron de algún modo con dos jóvenes poetas, los protagonistas del relato: el mexicano Ulises Lima y el chileno Arturo Belano (alter ego de Bolaño), autoproclamados refundadores del “real visceralismo”, un grupo de vanguardia de existencia efímera en la década de los veinte. Belano y a Lima siguen la pista de Cesárea Tinajero, la creadora del realismo visceral, de obra casi inexistente y apenas recordada por los estridentistas.

La parte medular de la trama, con en otras obras de Bolaño, consta de una dilatada fuga: en diciembre de 1975, Belano y Lima abandonan primero el Distrito Federal y después el país para embarcarse en un largo viaje errático de veinte años a través de varios países y continentes. La segunda parte comienza en enero de 1976, donde un entrevistador sin nombre —acaso el lector— visita a Amadeo Salvatierra, un viejo poeta vanguardista, en busca de información sobre Belano y Lima. Salvatierra es un personaje central en la historia: fue amigo de Cesárea Tinajero y trabajaron juntos en la revista del real visceralismo que imprimió un único número y que se tituló Caborca, en referencia al pueblo de Sonora, la tierra natal de Cesárea. Bolaño se apropia del motivo más importante de Bajo el volcán: Amadeo recibe en su casa a Belano y Lima, y con ayuda de un mezcal, pasarán juntos toda una noche que se extiende a lo largo de la novela para reconstruir una genealogía literaria que va, como se verá luego, desde los albores de la modernidad hasta su punto más radical. El mezcal —la última botella que guardaba Amadeo— se llama “Los Suicidas” y fue destilado en Chihuahua hasta finales de los sesenta, cuado la empresa mezcalera “quebró, o la quemaron, o la vendieron a una embotelladora de Refrescos Pascual o a los nuevos dueños les pareció que ese nombre no era muy comercial que digamos”, dice Amadeo (142). Belano y Lima brindan con lo que Salvatierra llama “agua de la vida” (142) y como si se bebieran también la modernidad, acaban con la última botella de “Los Suicidas” mientras (re)construyen y (re)editan el catálogo de todo un siglo de escritores vanguardistas olvidados y recuperados. Como el inaudito mezcal, la modernidad quedará también al borde del agotamiento.

El entrevistador anónimo escucha el relato de Amadeo sobre su encuentro con Belano y Lima para esclarecer la razones de su exilio. Estamos ante una historia dentro de una segunda contenida en una tercera. Los ecos del Simposio de Platón son evidentes: siguiendo el protocolo clásico, Amadeo ofrece a los poetas una bebida facilitadora de la conversación, insistiendo además en las reglas específicas para el transcurso de la noche. “Todos acordaron beber más por el placer que por embriagarse” (177e), anota Platón, según el relato que Apolodoro oyó de Aristodemo. Algo parecido sugiere Amadeo:
Yo me serví otra copa de Los Suicidas, al paso que íbamos la botella no iba a llegar al anochecer. Pero tomen con confianza y sin apuros, muchachos, que si esa botella no llega bajamos a comprar otra. Claro, no iba a ser como la que estábamos bebiendo, pero peor es nada. Ay, qué lástima que ya no hagan mezcal Los Suicidas, qué lástima que pase el tiempo, ¿verdad?, qué lástima que nos muramos y que nos hagamos viejos y que las cosas buenas se vayan alejando de nosotros al galope (180).

El tema del simposio bolañesco lo proponen Belano y Lima: discutir todo lo relacionado con Cesárea Tinajero y la revista Caborca (142). Como en un ejercicio de hermenéutica, Amadeo procede a reconstruir un horizonte de expectativas que Belano y Lima no pueden sino ignorar. Apoyado en el mezcal “Los Suicidas”, Amadeo contextualiza el primer real visceralismo y sin saberlo propicia el último brote, anacrónico y desfasado, de la vanguardia en México. De su archivo extrae, junto con el único número de Caborca, una copia del manifiesto Actual no. 1 que Manuel Maples Arce pegó en las calles de Puebla en 1921. Amadeo no resiste la tentación de la exégesis mezcalizada:

Yo tenía mi único ejemplar de Caborca bajo el brazo y en la mano izquierda el Actual no. 1 y en la derecha mi vaso con mezcal Los Suicidas, y mientras bebía les iba leyendo trozos de aquel lejano año de 1921 y lo íbamos comentando, los párrafos y el mezcal, qué bonita manera de leer y de beber, despacio y entre amigos […] y cuando quedaba poco serví una última ronda de «Los Suicidas», me despedí mentalmente de mi viejo elixir y leí la parte final del Actual, el Directorio de Vanguardia que en su tiempo (y después, cómo no, y después también) tanto sorprendió a propios y extraños, a creadores y estudiosos del tema (217-218).

Conforme se agota el mezcal, también los extemporáneos nombres de decenas de escritores vanguardistas van apareciendo entre erratas, arbitrariedad y un enigmático “etcétera” al final del manifiesto. La primera fase ritual del simposio culmina con la asimilación magisterial de la vanguardia. Termina Amadeo de leer y:

…los muchachos se pusieron de rodillas o en posición de firmes, juro que no me acuerdo y juro que da lo mismo, firmes como militares o de rodillas como creyentes, y se bebieron las últimas gotas de mezcal Los Suicidas en honor de todos aquellos nombres conocidos o desconocidos, recordados u olvidados hasta por sus propios nietos. Y yo miré a aquellos dos muchachos que hasta hacía un momento parecían serios, allí, frente a mí, firmes haciendo el saludo a la bandera o el saludo a los compañeros caídos en combate, y alcé mi vaso y apuré mi mezcal y yo también brindé por todos nuestros muertos (220).

Al igual que “Los Suicidas”, la vanguardia mexicana se paladea hasta el final. Se recuerda el sueño de Estridentópolis, se habla de Maples Arce y de su mecenas, asesinado a tiros por motivos políticos. Pero convocar a los muertos para permitir el renacimiento del real visceralismo es la primera parte del simposio: Belano y Lima deben completar su iniciación leyendo e interpretando el único poema publicado por Cesárea Tinajero en su revista Caborca. Cumpliendo las reglas de Amadeo, han comprado ahora un tequila para intentar su propio ejercicio hermenéutico. Amadeo, que ya da muestras de cansancio, se prepara para el relevo:

…fue como si se me acabara el sueño, como si el tequila recién ingerido se encontrara en mis vísceras, en mi hígado de obsidiana, con el mezcal Los Suicidas, y le hiciera una reverencia, cual debe de ser, todavía hay clases (272).

El poema de Cesárea, titulado “Sión”, consta de una secuencia de tres dibujos: en el primero se muestra una línea recta horizontal con un pequeño rectángulo en el centro; en el segundo la línea aparece ondulada y en el tercero quebrada. “El poema es una broma que encubre algo muy serio” (376), aseguran Belano y Lima. Ambos coinciden en que la broma se encuentra en la imagen sugerida de un barco que aparece en un mar en calma en el primer dibujo, en un mar agitado en el segundo y en una tormenta en el tercero. El título escondería así la palabra “navegación”. Amadeo, del lado serio, lee en el poema:

…la barca de Quetzalcoatl, la fiebre nocturna de un niño o una niña, el encefalograma del capitán Achab o el encefalograma de la ballena, la superficie del mar que para los tiburones es la boca del vasto infierno, el barco sin vela que también puede ser un ataúd, la paradoja del rectángulo, el rectángulo-conciencia, el rectángulo imposible de Einstein (en un universo donde los rectángulos son impensables), una página de Alfonso Reyes, la desolación de la poesía (401).

Esta lectura coincide también con el impulso estridentista, según lo explica Luis Mario Schneider:

Por un lado jugaban —seriamente hablando— con el orden imaginativo, y por otro, deseaban fusionarse desesperadamente con la realidad más objetiva y próxima. La contradicción, que por supuesto no podría resolverse, se desahogaba en elementos irónicos, en la sátira y en cierto escepticismo (XXXIX).

Al llegar a este punto, Amadeo recuerda su último encuentro con Cesárea Tinajero, cuando ésta le dice que dejará el DF para volver a Sonora. Amadeo intenta disuadirla recordándole que aún está pendiente la construcción de Estridentópolis, pero ella reafirma su vocación real visceralista. Amadeo, en una de las escenas más célebres de la novela, insiste:

…todos los mexicanos somos más real visceralistas que estridentistas, pero qué importa, el estridentismo y el realismo visceral son sólo dos máscaras para llegar a donde de verdad queremos llegar. ¿Y adónde queremos llegar?, dijo ella. A la modernidad, Cesárea, le dije, a la pinche modernidad (460).

El teórico Peter Bürger explica que las vanguardias europeas surgen del deseo de autonomía del discurso literario frente a la sociedad burguesa. La radicalización de esa autonomía, sin embargo, neutraliza uno de los objetivos principales de los proyectos vanguardistas: reinsertar el arte a la “praxis” de la vida (46). Para Jauss, la literatura recupera su función social sólo cuando “la experiencia literaria del lector entra en el horizonte de expectativas de su praxis vivida, preforma su entendimiento del mundo y por ello también tiene un efecto en su comportamiento social” (39). A una conclusión análoga han llegado Belano y Lima en el transcurso de la noche alcoholizada: buscarán a Cesárea Tinajero, recobrarán con su obra el legado del real visceralismo e intentarán, una vez más, alcanzar la modernidad con la que soñó la generación de Amadeo. Esta decisión, como se ha señalado, “sugiere una literatura que sostiene su capacidad de subversión sobre una ética de la invisibilidad al margen de las instituciones” (Cobas 186). Esa ética, como sabemos, será llevada a sus últimas consecuencias en Los detectives salvajes: provocará la muerte de Cesárea y el desvanecimiento de Belano y Lima. Aniquilará también el último brote del real visceralismo, movimiento que por otro lado nunca fue del todo definido, más allá de la profunda nostalgia con la que Amadeo lo recuerda y que Bolaño utiliza para clausurar su propia incursión en el desparpajo de las vanguardias con una novela que “intenta reflejar una cierta derrota generacional y también la felicidad de una generación” (327).

En el discurso que Sócrates ofrece en el Simposio, se define al amor como el deseo de poseer y reproducir incesantemente la belleza. Pero este deseo sólo puede llevarse a cabo venciendo la condición mortal de la humanidad: para asegurar la posesión y reproducción de la belleza, la humanidad “participa de la inmortalidad” (208b) reproduciéndose a sí misma. En sus notas sobre la modernidad escritas en 1972, tres años antes de que Belano y Lima resucitaran el realismo visceral, Octavio Paz reconsidera el saldo negativo de las vanguardias hasta ese momento:

Hoy somos testigos de otra mutación: el arte moderno comienza a perder sus poderes de negación. Desde hace años sus negaciones son repeticiones rituales: la rebeldía convertida en procedimiento, la crítica en retórica, la transgresión en ceremonia. La negación ha dejado de ser creadora. No digo que vivimos el fin del arte: vivimos el fin de la idea de arte moderno (463).

Si el real visceralismo de Belano y Lima no fuera sino repetición del anterior, y aquél del estridentismo y ese otro del futurismo y el dadaísmo, Christopher Domínguez tendría razón en juzgar que el real visceralismo es una “caricatura de todas las vanguardias” (62), una “banda de forajidos y escuela de iniciados” (65). Pero Los detectives salvajes expande deliberadamente sus referencias para abarcar el gesto fallido de todos los proyectos de la modernidad, que el propio Paz rastrea desde el romanticismo hasta el fin de las vanguardias. Entendido así, el simposio que celebra Amadeo tiene el objetivo de reproducir la fallida modernidad que renace en un nuevo horizonte de expectativas y que vuelve a morir con Belano y Lima en su intento romántico por reintroducir a la vanguardia en la praxis de una sociedad que después abandonarán. No sorprende entonces que Bolaño haya elegido como epígrafe la respuesta trágica que el cónsul de Bajo el volcán ofrece a una pregunta recurrente en la novela de Lowry: “—¿Quiere usted la salvación de México? ¿Quiere que Cristo sea nuestro rey? —No.”

Amadeo sabe que Belano y Lima no tendrán éxito en su intento de refundar el real visceralismo. Al amanecer y después del mezcal “Los Suicidas” y el tequila de relevo, Amadeo les hace una pregunta similar: “¿vale la pena?, ¿de verdad vale, la pena?” (554). Uno de los dos, adormecido, contesta como los estridentistas, jugando seriamente: “simonel”, simón y nel, negación y afirmación. De igual modo, terminado el Simposio, Sócrates sostiene una discusión final con los últimos dos invitados que quedan en el banquete cuando ya todos los demás se han ido. Intenta convencer a Aristófanes (escritor de comedias) y a Agatón (poeta trágico) de que la comedia y la tragedia deben ser obra del mismo escritor, síntesis de ambos géneros. Un personaje de Los detectives salvajes llega a la misma conclusión y afirma “Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia” (484). Agotados, los últimos dos invitados al banquete platónico no tienen más remedio que aceptar esa idea para poder volver a dormirse. “Sócrates”, se cuenta al final del Simposio, “habiendo puesto a los dos poetas a dormir, se levantó y se fue. […] Pasó el día como cualquier otro, y hacia el atardecer […] se fue a casa a descansar” (223d). Siglos después, Amadeo Salvatierra deja también dormir a los poetas y clausura a su modo el último simposio de la modernidad:

Entonces yo me levanté (me crujieron todos los huesos) y fui hasta la ventana que está junto a la mesa del comedor y la abrí y luego fui hasta la ventana de la sala propiamente dicha y la abrí y luego me arrastré hasta el interruptor y apagué la luz (554).


Bibliografía

Bolaño, Roberto. “«Estrella distante» (Entrevista de Mónica Maristain)”. Entre paréntesis. Barcelona: Anagrama, 2004. 329-343.

—. Los detectives salvajes. Barcelona: Anagrama, 1998.

Bürger, Peter. Theory of the Avant-Garde. 1974. Minneapolis: Minnesota U.P., 1984.

Cobas Carral, Andrea y Verónica Gartibotto. “Un epitafio en el desierto. Poesía y revolución en Los detectives salvajes”. Bolaño salvaje. Edmundo Paz Soldán y Gustavo Faverón Patriau, editores. Barcelona: Candaya, 2008. 163-189

Domínguez Michael, Christopher. “Roberto Bolaño”. Diccionario crítico de la literatura mexicana (1955-2005). México: FCE, 2007. 62-69.

Jauss, Hans Robert. Toward an Aesthetic of Reception. Timothy Bahti, trans. Minneapolis: Minnesota U.P., 1982.

Lowry, Malcom. Under the Volcano. 1947. New York: Perennial Classics, 2000.

Paz, Octavio. Los hijos del limo. 1972. Obras completas I. La casa de la presencia. México: FCE, 1998.

Plato. The Symposium and The Phaedo. Raymond Larson, traductor y editor. Arlington Heights: Harlan Davidson, 1980.

Schneider, Luis Mario (ed). El estridentismo: la vanguardia literaria en México. México: UNAM, 1999.

jueves, diciembre 04, 2008

10 Most Notable Albums y Audiobooks de 2008

El New York Times y sus 10 Most Notable Books es en el mejor de los casos un primer borrador. Va el verdadero top ten, que coincide por lo menos en un caso con el del NYT. Si no tiene estos albums o audiobooks, córrale al itunes o a donde haga falta:

10. "El mejor de los oficios": Pistachón Zig-zag
9. "Mano a Mano en la Plaza de Toros de Juárez": Juan Gabriel and Tin-Tan
8. "2666": Roberto Bolaño (audiobook unabridged, narrated by Diamela Eltit, 150 CD's)
7."Legion" The Artist Previously Known as AMLO
6. "Singing Is Another Form of Writing": Charlie Fountains and the Remaining Boomers.
5. "Crí-Crí and Friends: Classic Duets": Various Artists
4. "Juan Camilo en la distancia": Felipe Calderón (audiobook abridged)
3. "Nelly Furtado Wants To Be Me (But She Can't)": Belinda.
2. "Mexican Dictatorship": Guns 'n Roses
1. "2010: Revolution, Episode III": Molotov

domingo, noviembre 02, 2008

Premio Aura Estrada

Reproduzco un artículo mío sobre el Premio Aura Estrada. El artículo aparece esta semana en la revista PROCESO. El premio será anunciado este 6 de noviembre en la Feria del Libro de Oaxaca.

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Nueva York — El 23 de mayo de este año, la escritora estadounidense Toni Morrison, ganadora del premio Nobel de literatura, escribió una emotiva carta al periodista y narrador Francisco Goldman. Morrison respondía a la convocatoria lanzada meses antes por Goldman para la creación de un nuevo premio literario que llevará el nombre de Aura Estrada, una joven escritora mexicana —su esposa— que falleció en un trágico accidente en julio de 2007. La carta, compartida por Goldman para PROCESO, dice lo siguiente:

“Es bueno que se haga algo en memoria de Aura. Su trabajo para mí era retador, profesional y extremadamente útil. Más que eso, disfrutaba del placer de su compañía. De hecho, me encantaba pasar tiempo con esta perspicaz, irónica, generosa y talentosa mujer. Yo había dudado en aceptar la oferta de Peter (Carey) de tener una asistente de investigación porque me involucro maníacamente en la investigación para mi trabajo. Pero Aura lo cambió todo. Sus cartas y copias de documentos eran cruciales, al igual que nuestras conversaciones. […] Te deseo todo lo mejor. El premio Aura Estrada no aminorará la pérdida, pero la transformará”.

Apenas cumplidos los 30 años, Aura construía una sobresaliente carrera literaria y académica en Nueva York, donde residía desde 2003. Con una beca Fulbright, cursaba simultáneamente un doctorado en letras hispánicas en la prestigiada Columbia University y una maestría en creación literaria en Hunter College, donde, a través de otra beca, obtuvo el puesto como asistente de investigación de Morrison. Colaboraba con revistas literarias de México y Estados Unidos como Letras Libres, Gatopardo, Words Without Borders y The Boston Review. Sus ensayos y cuentos comenzaban a conocerse en múltiples círculos literarios de ambos países e incluso había iniciado la escritura de una primera novela. El escritor australiano Peter Carey, director del programa de creación literaria en Hunter College y ganador del premio Booker, propuso a Morrison considerar el trabajo de Aura después de leer sus primeros textos escritos en inglés.

“Aura tenía un talento único que todos los que habían leído sus escritos conocían”, recuerda Goldman en entrevista con PROCESO. “En el programa de Hunter tuvo que escribir en inglés por primera vez en su vida y sin embargo dejó a sus maestros, Peter Carey y (el escritor irlandés) Colum McCann, asombrados con su talento e inteligencia”.
El próximo 6 de noviembre y con el apoyo de numerosos escritores, artistas, académicos y periodistas de México, Estados Unidos y otros países, el “Premio Aura Estrada” será dado a conocer durante la Feria del Libro de Oaxaca, que tendrá lugar del 6 al 23 de noviembre. El evento se llevará a cabo en el Teatro Macedonio Alcalá con la presencia de Goldman y la pareja de escritores estadounidenses Siri Hustvedt y Paul Auster, quienes ofrecerán una lectura de sus obras más recientes. Los tres inaugurarán también la “Cátedra Aura Estrada”, que se impartirá cada año durante la Feria del Libro de Oaxaca con autores reconocidos internacionalmente.

Entre otras celebridades literarias, el premio ha recibido también el respaldo del escritor británico de origen indio Salman Rushdie, el premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez, la estadounidense Joan Didion, la estadounidense de ascendencia india Jhumpa Lahiri y el irlandés Colm Tóibín. En Oaxaca, el pintor Francisco Toledo recientemente donó quince papalotes con un diseño original y con certificados de autor en beneficio del premio.

Goldman explica que el reconocimiento será entregado cada dos años a una joven autora, menor de 35 años, que escriba en español narrativa de cualquier género y que resida en México o Estados Unidos. Las ganadoras recibirán un estímulo de alrededor de 15 mil dólares y tres residencias en colonias para escritores en Estados Unidos e Italia, cada una por periodos de hasta dos meses. Un texto de cada ganadora será publicado en la revista Granta en español. La conformación del jurado y las bases del premio serán dadas a conocer el 1 de diciembre durante la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, donde Goldman estará acompañado por el mismo García Márquez. El premio será otorgado por primera vez en la FIL de 2009.
Algunos de los escritores que han ofrecido su apoyo al premio —Salman Rushdie, los periodistas Jon Lee Anderson y Alma Guillermoprieto, así como los ganadores del premio Pulitzer Annie Proulx y Junot Díaz, entre otros— comentan para PROCESO la trayectoria de Aura Estrada y la necesidad de impulsar y crear espacios para jóvenes autoras que escriben en español y en un mundo literario marcadamente masculino. En ese medio, dicen, con frecuencia desigual y hostil, la vida y obra de Aura abrirán nuevas oportunidades para las generaciones de escritoras latinoamericanas por venir.

La “brainy girl” mexicana

La noche del 18 de septiembre, alrededor de 300 personas se dieron cita en un loft de Manhattan para asistir a una cena de recaudación de fondos para el premio. Las contribuciones generaron más de 65 mil dólares, lo que aumentó el capital de la organización a 110 mil dólares. La meta, explica Goldman, es alcanzar los 200 mil dólares para lograr que el premio sea autosuficiente y pueda renovarse indefinidamente. A un año de la trágica muerte de su esposa, Goldman se dice sorprendido por la respuesta que ha recibido su convocatoria en tan poco tiempo.

“Es simplemente una manera de seguir amando a Aura, de seguir tratando de hacer cosas para ella”, dice Goldman. “Era horrible pensar que todo el trabajo que hizo Aura y todo el esfuerzo de su madre, por ejemplo, para darle las oportunidades que ella supo aprovechar, podría dejar de existir por completo. Tal vez no es un gran consuelo, pero el premio sí es una manera de convertir todo ese esfuerzo y esos sueños en energía que pueda apoyar los sueños y el trabajo de otras jóvenes escritoras”.

Aura Estrada Curiel nació el 24 de abril de 1977 en León, Guanajuato, hija de la doctora en historia Guadalupe Curiel, actual directora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM. En 2000, Aura obtuvo en esa universidad una licenciatura en letras inglesas y en 2003 una maestría en literatura comparada. Entre 1998 y 1999, estudió en la Universidad de Texas en Austin y en 2002 en Brown University, en Rhode Island. Su tesis de maestría, Borges, inglés, que analiza la influencia de William Hazlitt, Charles Lamb y Robert Louis Stevenson en Borges, fue publicada por la editorial Scripta, al igual que su ensayo Borges, prologuista.

“Ella era la promesa de un nuevo tipo de literatura latinoamericana”, opina Junot Díaz, ganador del premio Pulitzer por su novela La breve y maravillosa vida de Óscar Wao (Mondadori, 2008). “Tal literatura rompe con todo lo sagrado y a través del humor, la inteligencia y la audacia creativa, nos revela lo que somos”.

Aura se inició en la escritura literaria desde sus años como estudiante de preparatoria. Algunos de sus cuentos y ensayos comenzaron rápidamente a aparecer en los últimos años en revistas importantes de México y Estados Unidos. La antología El gringo a través del espejo (Cal y Arena 2006) recogió —a la par de relatos escritos por John Lee Anderson, Martín Caparrós y Álvaro Enrigue— el que Goldman considera uno de sus mejores relatos, “El envenenamiento de Héctor Cañas Pershing”. El programa de creación literaria de Hunter College creó un sitio de internet (www.hunter.cuny.edu/creativewriting/memoriam/) con testimonios de amigos, profesores y colegas, así como una selección de sus textos, incluyendo el cuento antes mencionado.

Aura y Goldman se casaron en Atotonilco, Guanajuato, el 20 de agosto de 2005. El 24 de julio de 2007, mientras estaban de vacaciones en la playa de Mazunte, Oaxaca, Aura sufrió un accidente al nadar entre las olas. Murió al día siguiente en un hospital del Distrito Federal.

“El mundo está cambiando”, dice Annie Proulx, autora de Brokeback Mountain: Secreto en la montaña (Siglo XXI, 2006). “Aura Estrada era una de las jóvenes y frescas voces de la nueva literatura. Su inesperada muerte truncó su talento y nos privó de libros y relatos que ahora no podrán ser escritos. Pero hay otras escritoras. Este importante premio las ayudará a emerger a la luz literaria”.

En México, el establecimiento del premio ha sido apoyado por la librería Proveedora Escolar (fundadora de la Feria del Libro de Oaxaca) y la editorial Almadía. El director general de ambos grupos, Guillermo Quijas, señala que al impulsar el premio se ha logrado también avanzar en la consolidación de la Feria del Libro. El sello Almadía, explicó su director editorial, el también novelista Martín Solares, publicará en noviembre de 2009 una antología de relatos, ensayos y un fragmento de la novela que Aura no alcanzó a terminar. La selección está a cargo de Goldman y de algunas amigas escritoras cercanas.

“Conocíamos parte de la literatura que Aura estaba escribiendo, reconocíamos su indudable valor literario y deseábamos verla publicada”, explica Solares, autor de Los minutos negros (Mondadori 2006). “¿Qué distingue la literatura de Aura? Me parece que la profundidad en el desarrollo de los temas más personales, pero también el riesgo y la libertad de su escritura. No era una literatura que se distinguiera por un afán comercial, sino por su búsqueda de un lenguaje literario y un universo muy particulares. Aura echaba mano de sus recuerdos de la infancia, los exploraba con ayuda de su escritura y nos entregaba imágenes y relatos muy memorables. El logotipo del premio —una niña paseando en una bicicleta infantil— viene precisamente de uno de los cuentos de Aura que se han vuelto más célebres entre sus lectores. Ojalá que el Premio Aura Estrada sea tan veloz y afortunado como esa bicicleta”.

Para Goldman, autor de Marinero raso (Anagrama, 1998) y El esposo divino (Anagrama, 2008), los textos de Aura se acercaban a la literatura hecha por jóvenes escritoras en Estados Unidos de la corriente conocida como “brainy girls” (chicas genio), cuya prosa resulta “innovadora, juguetona, experimental, deliciosa, divertida y ambiciosa” y que Goldman encuentra en los textos de Marisha Pessl, Heidi Julavits, Rivka Galchen, Susan Choi y Nicole Krauss, entre otras.
“Son jóvenes intelectuales que no esconden su inteligencia. Son verdaderas estrellas de la literatura actual. Aura compartía esas cualidades. Varias de ellas ya conocían y admiraban la escritura de Aura. Un ensayo que ella publicó sobre el escritor chileno Roberto Bolaño y Jorge Luis Borges (disponible en Wordswithoutborders.org) tuvo mucha resonancia entre jóvenes escritoras como Rivka, que entonces estaban leyendo y descubriendo a Bolaño con mucho entusiasmo. Aura también era una escritora muy ‘brainy’, un genio en desarrollo. Su talento jamás te deja olvidar la dimensión de esta tragedia”.
El novelista Colum McCann asegura que el premio será ante todo un “monumental” evento literario: “El premio hace exactamente lo que Aura quería hacer con su escritura: cruza fronteras, reconoce la invención, recompensa la promesa y agranda la comunidad de escritores. Abre todas las ventanas a la brillante y breve vida de Aura”.

“El territorio de la máxima libertad”

La escritora estadounidense Siri Hustvedt considera notable que el premio haya sido concebido para rendir homenaje “a una escritora de enorme talento que murió demasiado joven” y a la vez contribuir a cerrar la brecha que separa la literatura escrita por mujeres de los cánones marcadamente masculinos.

“Siempre he creído que escribir ficción es el territorio de la máxima libertad. Una novela subvierte las categorías habituales de la identidad. En la ficción, yo me convierto en otros”, explica la autora, entre otras novelas, de Todo cuanto amé (Anagrama, 2004). “¿Por qué limitar un premio, entonces, a una joven mujer? Porque la libertad interna no es igual a la libertad externa. A pesar del hecho de que existen muchas mujeres que escriben, el mundo de las letras es con frecuencia todavía un juego de hombres, un drama edípico de titanes literarios que compiten por premios, galardones y reconocimientos. Una y otra vez, país tras país, he leído las palabras ‘novelistas importantes’ seguidas de nombres de hombres y no de mujeres. Ningún libro de ningún tipo debería juzgarse por el sexo de su autor, pero tristemente, esto persiste”.

La periodista mexicana Alma Guillermoprieto aplaude por su parte el esfuerzo colectivo llevado a cabo “para que las escritoras jóvenes tengan un premio a la altura de sus ambiciones y su creatividad”.

“Es vital para cualquier escritora poder dedicarse con seriedad a lo suyo”, dice. “Son muchas las grandes escritoras del futuro que están germinando su don en este momento. Es maravilloso que el Premio Aura Estrada exista como un estímulo reluciente y exclusivo para ellas”.

Para Salman Rushdie, el premio tendrá “un enorme impacto en las vidas y carreras de las futuras ganadoras. Al crear un espacio para una joven escritora, al darle tiempo, apoyo y un poco de confianza, el premio alimentará una nueva voz y, esperamos, le permitirá crecer hasta rendir frutos”.

Por su parte, el periodista Jon Lee Anderson, autor de Che Guevara: una vida revolucionaria (Anagrama, 2006) subraya la importancia de crear un premio “en una región llena de talento literario y pocos recursos destinados para apoyarlo. Y así como el adagio ‘build it and they will come’ (constrúyelo y vendrán), tengo plena confianza en que al crear este premio se crearán nuevas escritoras, y también que, en pocos años, ganar un ‘Aura Estrada’ será como ganar un Pulitzer, un Booker. Por eso merece todo el apoyo que se le pueda dar”.

Contra la falta de estímulos para las jóvenes escritoras latinoamericanas que intentan abrirse paso en el difícil medio literario, Hustvedt anticipa el éxito del nuevo premio. “Una joven mujer tal vez se encuentre en la mesa de la cocina, robándose una hora para el siguiente párrafo, mientras su bebé duerme en el cuarto de al lado. El dinero puede ayudarla. El prestigio de un premio puede ayudarla. Alguna vez fui una joven escritora también y me da un enorme place apoyar este premio. Ya la estoy imaginando. La veo en mi mente: la escritora cuyo camino será aliviado un poco y cuyo trabajo se dará a conocer para la admiración de todos nosotros”. Para más información sobre el premio, puede visitarse el sitio de internet: www.auraestradaprize.org.

martes, octubre 21, 2008

Presidente Obama

Que no les quede duda: Barack Obama será presidente. Mi feliz vaticinio: ganará por más de diez puntos porcentuales y con más de 300 votos electorales. Chin chin el que se raje.